¿SOMOS O TENEMOS?

El esfuerzo, la disciplina, el sacrificio, la prudencia, la austeridad, la paciencia, ... son valores que han tomado un protagonismo inusitado desde hace unos meses, tanto en artículos especializados, como en la prensa cotidiana. Algunos autores afirman, con un cierto triunfalismo, que esta crisis en la que nos encontramos inmersos nos permitirá recuperar estos valores del pasado (desde mi punto de vista absolutamente idealizados).
Pienso que debemos evitar idealizar nuestra historia. Sinceramente agradezco a las generaciones anteriores que su inconformismo y sus ansias para avanzar nos hayan llevado al estado del bienestar y la sociedad de consumo. A pesar de los errores cometidos, que tendremos que reconducir si queremos generar un futuro mejor, no podemos negar que todos hemos subido al carro. Efectivamente nos han hecho la vida mucho más cómoda y rápida, tanto en el entorno personal y familiar, como en el ámbito profesional.

Los valores, los paradigmas y los hábitos son fruto de la experiencia y, la que tenemos ahora, ya no es comparable con la de las generaciones anteriores. Por lo tanto, ya no es viable que "volvemos a ser como antes". En todo caso, sí que es un buen momento para la autocrítica. Discriminamos en qué aspectos concretos este entorno socioeconómico nos ha acabado induciendo a una percepción de la realidad excesivamente sesgada.

Sin ansias de simplificar una realidad bastante compleja, pienso que este entorno ha facilitado que, con demasiada frecuencia, hayamos acabado confundiendo la forma (la imagen) con el contenido, es decir, LO QUE SOMOS CON LO QUE TENEMOS. Hemos acabado valorando lo que somos en función de lo que poseemos, sin profundizar en los valores de fondo que rigen nuestras actuaciones. Por lo tanto, hemos llegado a la conclusión de que:

FELICIDAD = TENER COSAS + NO TENER PROBLEMAS.

Además, de las dificultades para alcanzar esa felicidad, un tema que daría para otro artículo bastante extenso, en el ámbito profesional se ha puesto de manifiesto una sobrevaloración de: títulos, experiencia, status, cargos, prestigio o repercusión mediática , resultados u objetivos, ... Nos hemos convertido en corredores de una "carrera profesional". Pero TENER, aunque ayuda y es un buen indicador, NO implica ni garantiza SER un buen profesional. Sólo indica que contamos con el "prestigio de una buena marca".

Con esta mentalidad podemos caer fácilmente en la trampa de mantener nuestro foco de atención en conseguir una formación brillante y una trayectoria profesional impecable, sin dedicar suficiente atención al desarrollo de las competencias y habilidades personales, tan necesarias para superar las dificultades actuales y para conseguir una implicación firme en los valores de empresa.
Ahora, cuando esta "felicidad sin problemas" parece inasequible, es un buen momento para preguntarnos:

¿QUÉ HAGO Y COMO LO HAGO?

Tenemos que aprender a discriminar si todos nuestros éxitos son fruto de las circunstancias del entorno o de una trayectoria basada en la puesta en juego de nuestras competencias. ¿Qué valores y hábitos rigen nuestras decisiones, nuestra existencia, independientemente de los títulos y cargos acumulados. Como actuamos, cómo nos comportamos cuando no logramos los resultados esperados, como afrontamos los conflictos, cómo gestionamos nuestras emociones, ...
Debemos aprender a sustituir el "soy lo que tengo", por:

  • "Soy lo que soy capaz de aprender y desaprender"
  • "Soy lo que soy capaz de esforzarme y de dar"
  • "Soy lo que soy capaz de crecer como persona"
  • "Soy lo que soy capaz de anticipar las consecuencias de mis actuaciones a largo plazo"
  • "Soy lo que soy capaz de hacer, manteniéndome coherente con mis valores y principios"

Seguro, que esta crisis implicará una revisión y cambio de paradigmas. Es una buena oportunidad para plantearnos nuevos valores más adaptados a las nuevas circunstancias. Es buen momento para preguntarnos si somos o TENEMOS?

@Joana Frigolé