LA CRISIS SE CONVIERTE EN UNA OPORTUNIDAD CUANDO SE HA SUPERADO EL PROCESO DE DUELO

Desde que la crisis fue "declarada" como una realidad ineludible, han surgido multitud de articulistas, recordándonos la parte positiva de la situación. La frase de "después de la crisis se esconde una gran oportunidad", ya ha dejado de ser original. Por el contrario, de forma más o menos transparente, muchos candidatos, clientes, compañeros y proveedores que llaman a nuestras puertas, confiesan que, hoy por hoy, no le ven demasiado la gracia a este eslogan que tanta fama logrando.

De hecho, hace apenas cuatro días que aún todos éramos ricos, no nos quedaba tiempo libre para poder dejar tranquila la tarjeta o la cartera y en la prensa los % de crecimiento en facturación eran los protagonistas. Por tanto, no es de extrañar, que quien más quien menos, haya entrado en un proceso de duelo. Y cuando se está en este proceso, toca plantearse si este lema del positivismo, el optimismo, la creatividad y la innovación, no será una estrategia para vender humo o formará parte de otra burbuja. A ver si resulta que nos estamos enredando unos a otros, para poder tolerar conjuntamente los sentimientos de impotencia y desencanto. O, más preocupante aún, a ver si en nuestro caso individual, resulta que no es aplicable.

Es por eso que me molesta observar en muchos artículos la tremenda superficialidad en la que se trata el CÓMO Y DE QUÉ MANERA es el PROCESO, para hacer posible que la crisis se convierta en una oportunidad. Echo de menos un detalle muy importante: el proceso pesado y "eterno", que cada uno tiene que superar, si quiere hacerlo posible.

Pero he aquí, que poco a poco, cada uno va haciendo su camino, y descubriendo que la crisis (ahora no hablo de la crisis colectiva sino de la individual), nos obliga a todos a poner al cribar, separar y reubicar, las propias prioridades en la vida. Superado este espacio de tiempo, empezaremos a ver la luz al final del túnel.

Se generan un juego de fuerzas entre las circunstancias adversas y la capacidad de tolerar la presión, la ansiedad, la frustración y la incertidumbre, se pongan en marcha. Pero también, gradualmente, se recuperan viejos recursos ya disponibles (a veces un poco aparcados en tiempos de bonanza) y reubicando en nuevos contextos. El cerebro de las personas humanas está diseñado para poder ser capaces de construir nuevas alternativas creativas.

Este proceso de rotura de los "caminos neuronales caducados" permitirá que ya nada vuelva a ser igual. Tendremos generado nuevas "conexiones neuronales" y recursos que nos habrán ayudado a desarrollar la musculatura de la adversidad. Para ello necesitaremos desarrollar:

Tolerancia a la frustración:

Si nos empeñamos en negar la nueva realidad y a persistir en conseguir lo que "queríamos, deseábamos o dábamos por seguro" y no somos capaces de reajustar nuestras expectativas, nos sentimos frustrados. La frustración prepara nuestro cuerpo para el ataque o la huida inmediata. Todo ello despierta emociones y sentimientos ligados a la agresión, mal humor, incomodidad, molestia, crispación, irritabilidad, desánimo, ansiedad, ... Esta impulsividad resta eficacia a nuestra área racional y, por tanto, nos generan conductas impulsivas que nos van alejando del objetivo más razonable.

Tolerancia a la incertidumbre:

Nuestras emociones positivas nos acompañan cuando tenemos la sensación "de control de la situación". Es decir, que tenemos la percepción de que conocemos la mayoría de las variables implicadas en un proceso de decisión y podemos prever de forma bastante previsible, qué pasará y cómo sucederá. Pero la sensación de desorden, confusión, caos, dificultad para ponderar las consecuencias de las decisiones, de que "los otros controlan nuestras vidas", ... nos genera sentimiento de ansiedad y buscamos de forma rígida e inflexible respuestas concretas, negando las variables que van en contra del punto de vista que "nos da la razón". La opción elegida de actuación, por tanto, no es realista.

Las dos juntas generan un sentimiento de "desastre total y caos total" y nuestra vida pasó a ser dirigida por nuestras emociones.

Cuando hayamos superado todo este proceso de duelo, digerido todos los inputs negativos que hemos ido recibiendo, rompiendo con todas las premisas que dábamos por supuestas y evidentes, es cuando descubrimos que no lo sabemos todo y que no siempre son los otros que se equivocan . Es cuando abrimos nuestra mente para reaprender. Entonces seremos más INTELIGENTES y seremos capaces de sacar rendimiento del potencial de nuestra área racional y recordar los éxitos de nuestro pasado. Trataremos la realidad de otra manera y descubriremos nuevos puntos de vista que estaban escondidos detrás nuestros deseos y emociones. Podremos planificar en base a nuevas alternativas y con visión a largo plazo. Volveremos a ser protagonistas de nuestra vida y ya no seremos víctimas de las circunstancias, ni de las personas que nos rodean. Podremos dar el proceso de duelo por terminado. Y podremos poner en marcha nuestra capacidad de INNOVACIÓN Y CREATIVIDAD.

Si no somos capaces de transmitir que las OPORTUNIDADES no son fáciles de alcanzar, a las personas que se encuentran en el momento más crítico de este proceso, en lugar de dar esperanza, daremos más desánimo. El mensaje de una proactividad muy "académica y milagrosa", puede generar en nuestro receptor la impresión de que es "muy rápido y sencillo", pero únicamente "por los demás". Y de esta forma no nos ayudamos, sólo generamos más impotencia o sensación de ineficacia, en los que están inmersos en la etapa de frustración.

El proceso de duelo, se debe pasar. Es la forma de madurar y crecer. No hay pastillas milagrosas que lo arreglen en 2 minutos.En en esta sociedad tan rápida, innovadora, sabía, talentosa, conectada con red y etc., parece que todo se debe hacer a toda prisa y que no lo consiga de forma inmediata, ha perdido el "partido".

Y efectivamente, dentro de un tiempo, volveremos a estar acomodados en una nueva situación y mirándonos el ombligo, porque fuimos tan buenos superando estas circunstancias que ahora todavía nos abruman. Y volveremos a empezar un nuevo ciclo.

@Joana Frigolé