EL EQUILIBRIO ENTRE EL MIEDO Y LA CONFIANZA

Cuando estoy ante un/a coachee, que llega a las sesiones cargado/a de: preocupaciones, decepciones, dudas por alguna decisión a tomar, inseguridad, desconfianza hacia los otros o, simplemente, desea poner en orden las inquietudes y retos que quiere alcanzar..., me ilusiona y me anima saber que dentro de un tiempo, cuando hayamos recorrido el camino emprendido, aflorarán en esta persona unas capacidades, potencial y energía ahora mismo imperceptibles.

Yo juego con ventaja. Me lo miro desde fuera. Y como es bien sabido, siempre es más fácil observar con más imparcialidad los problemas de los otros que los propios. Pero, sobre todo, me acompaña la premisa de partida, de cualquier coach profesional, que la capacidad de las personas para generar nuevas realidades es mucho mayor de lo que somos capaces de percibir.

Así pues, mi reto, es el de acompañarlo en un proceso que le permita ampliar su mirada de la realidad, descubriendo las creencias que lo limitan, las experiencias del pasado que lo condicionan y los miedos que lo frenan. En este proceso me suele ayudar el dibujo de un nuevo equilibrio entre 2 fuerzas muy poderosas, tanto para impulsarnos como para frenar todas nuestras capacidades:

MIEDO versus la CONFIANZA

MIEDO:

El miedo se centra siempre en EL COSTE de nuestras actuaciones. Tiene como gran compañera la afirmación de punto y final: NO PUEDO.

El miedo a perder algo que conseguí en el pasado (estatus, prestigio social, beneficios económicos, estabilidad, seguridad, ...); el miedo a que se nos genera cuando visualizamos el futuro afrontando las dificultades que prevemos (miedo a no ser capaces, miedo a no poder convencer a los demás, miedo a no saber, miedo a equivocarse, ...) o simplemente, miedo a volver a revivir "ese miedo" que tuvimos en el pasado.

El miedo, bien dosificada, es imprescindible y beneficiosa: nos da cautela, interés para indagar los perjuicios que podría provocar nuestra decisión y, por tanto, a tomar precauciones, a prepararnos, a valorar los riesgos que estamos dispuestos a asumir y aceptar que hay muchas variables que escapan de nuestro control. En definitiva, a asumir la responsabilidad de las consecuencias de nuestra decisión, pase lo que pase.

Pero cuando es excesiva nos bloquea y nos limita, con el agravante de que no siempre es fácil detectarla. Me refiero a que los niños pequeños la suelen mostrar de forma evidente, llorando y pidiendo ayuda. Pero los adultos hemos ido generando otros recursos mucho más sofisticados para no mostrar con tanta evidencia. Generalmente con un montón de explicaciones y excusas ampliamente justificadas, "razonadas" y aparentemente objetivas, que nos autoexpliquen, y también sirven para justificar ante los demás, el porqué no hacemos o no actuamos (igualmente no servirá de nada, me dirán que no, se enfadarán, ya estoy bien como estoy, ya lo he probado 1000 veces, yo soy así, ellos son asá, ...).

De hecho, gastamos demasiado energías escondiendo el miedo. Ayudar al coachee a descubrir y aceptar el miedo como legítima y liberarlo de los esfuerzos que dedica a las autojustificaciones, es el primer paso, que le permite dar un salto hacia la confianza.

LA CONFIANZA:

La confianza se centra en los BENEFICIOS que podemos obtener con nuestras actuaciones, lleva como compañera "YO QUIERO" y se basa en 3 pilares:

La sinceridad conmigo mismo y hacia los demás para no justificarme ni buscar excusas para no hacer. Aceptando que, a pesar de tener miedo, asumo la responsabilidad de mis decisiones y estoy comprometido con luchar para conseguir lo QUE QUIERO.

Mi capacidad para buscar experiencias de referencia en mi pasado en las que sí he sido capaz de superar las adversidades, dificultades o retos, de forma que me sea más fácil identificar los pensamientos, los sentimientos, las emociones y la valentía que en aquellos momentos se evidenciaban en mí.

Capacidad para desgranar y discriminar las competencias y fortalezas que me han acompañado hasta ahora para alcanzar mis retos y también de ser consciente de las vulnerabilidades que me habrá que aprender a gestionar.

La confianza, dedica muy poco tiempo a dar explicaciones sobre el pasado. Únicamente, recoge todos aquellos aprendizajes que le pueden servir para generar un futuro mejor.

Apoyada en estos 3 pilares, es clave y necesaria para ver y captar oportunidades donde los demás sólo encuentran dificultades. Para mantenerse firme ante los obstáculos a corto plazo, porque estamos comprometidos con los retos que nos hemos planteado a largo plazo. Y lo hacemos desde la modestia y la humildad de aceptar que cometeremos errores y muchas cosas se escaparán de nuestra posibilidad de control. Pero, la lectura constructiva que hemos hecho del pasado nos indica que estos errores serán precisamente los que nos ayudarán a aprender a bailar y bailar con una realidad que no siempre es, ni será, tal como la hemos diseñado nuestros sueños.

EL EQUILIBRIO ENTRE EL MIEDO Y LA CONFIANZA:

El equilibrio entre estas 2 fuerzas (el COSTE / BENEFICIO) es lo que me permite pasar del SÓLO PUEDO, ME FALTA, SI TUVIERA, ... del presente hacia LO QUE QUIERO Y LO QUE YA TENGO para empezar mi camino hacia el futuro . Hace un tiempo atrás, un emprendedor me lo expresaba así:

  • Tengo miedo, tengo la sensación de que me tiro a un precipicio y no sé exactamente qué estaré haciendo dentro de un tiempo. Pero sé a dónde voy, sé lo que quiero, cuento con una experiencia muy buena y tengo muy buenos contactos.

La valentía no está reñida con el miedo. Simplemente, los coachees que se sienten valientes, han conseguido aceptarla, tener en cuenta sus avisos, pero sin quedarse pegados.

Detectamos que nos desequilibran estas fuerzas cuando nuestras miradas se focalizan en exceso hacia el:

  • COSTE: El miedo está ganando terreno sobre la confianza. Evidentemente no alimentamos la confianza si solo dirigimos nuestra mirada hacia lo que podemos perder, los costes y las dificultades. Tendremos que aprender a observar lo que podríamos ganar.
  • BENEFICIO: La confianza es excesiva cuando no percibimos ninguna dificultad. Nuestra mirada sólo se focaliza en los beneficios que obtendremos al final del proceso, lo que ganaremos y en las facilidades que tenemos para lograrlo. No sabremos aprovechar las ventajas del miedo, si no damos un vistazo a las dificultades o en el que tendremos que aprender para llegar.

Cuando el coachee inicia su proceso no suele ser consciente del desequilibrio en esta balanza tan importante para gestionar las adversidades y la incertidumbre. Sí manifiesta que las personas que lo rodean, le aconsejan un cambio. Pero siendo que los consejos que le dan no le están ayudando. Al contrario, a menudo, lo hacen sentir más impotente. Generalmente, la gente le aconseja "soluciones" que poco tienen que ver con este proceso (debería desconectar, no debería preocuparse, no pasará nada, los otros todavía lo hacen peor, ...). De una forma u otra, el coachee percibe que ya ha probado todas estas recetas, pero que hay algo más ... que le impide disfrutar y agradecer a la vida todo lo que ha recibido.

Saber encontrar la forma de preguntar y acompañar emocionalmente al coachee, de manera que sea capaz de replantearse y poner en duda su forma de interpretar la realidad es la clave para que descubra las autolimitaciones de cambio que se está autoimpuesto. Y es entonces, cuando aflora la potencia, el caudal de posibilidades, las capacidades, el entusiasmo, ... Todo lo que ya estaba latente en esa persona aparentemente indefensa, hasta que no ha sido capaz de cambiar el foco de su mirada:

EL MIEDO Y LA CONFIANZA han firmado la alianza y se podrán mostrar, con naturalidad y espontaneidad, tanto con uno mismo como de cara a los demás.

Evidentemente, es entonces cuando el coachee se da permiso para confesar que ahora tiene más miedo que nunca, ahora tendrá que empezar a dirigir la propia vida. Es un momento en que es muy posible que se permita el lujo de llorar y al mismo tiempo mostrar una tremenda alegría y sensación de libertad. Es entonces, que reímos y compartimos la alegría juntos.

De nuevo valía la pena LA CONFIANZA que deposité en las potencialidades de aquel coachee y también en mi capacidad para ayudarle. A la hora, es el momento de dar las gracias al MIEDO, una compañera que me ha ayudado a estar alerta y detectar si mi forma de acompañarlo no le estaba siendo útil.

© Joana Frigolé