CONTROLAS O LIDERAS TU VIDA

Tenemos una capacidad increíble para complicarnos la vida. El proceso comienza cuando centramos nuestros esfuerzos en intentar tenerlo todo controlado en lugar de poner en juego nuestro poder para liderar e influir. Si queremos controlar, siempre iremos detrás de las circunstancias. Si lideramos, nosotros decidiremos cómo queremos vivir lo que nos ocurre.

La visión de la vida como un montón de problemas a resolver se esconde tras las quejas, el victimismo, el desánimo o el sentimiento de culpa. Pero sobre todo se esconde detrás de un montón de autojustificaciones, historias y relatos que nos contamos. Relatos que, si bien parecen tener una gran coherencia lógica, nos llevan a vivir como si estuviéramos constantemente luchando y superando obstáculos. Así es como nos activamos innecesariamente las emociones de rabia, tristeza o miedo. En definitiva, demasiado a menudo acabamos "malviviendo nuestra vida" porque no sabemos percibir ni utilizar los recursos que la naturaleza nos ha regalado.

Sin querer caer en la trampa de un exceso de simplicidad, me gustaría recoger de manera sencilla y práctica algunas de las creencias recurrentes que nos esclavizan y están relacionadas con estos patrones vitales.

 

  • Las obligaciones.

Tenemos el mal hábito de interpretar que nuestras elecciones y/o situaciones que vivimos las tenemos que hacer por obligación. Convertimos nuestra cotidianidad en un montón de obligaciones agotadoras: me tengo que levantar, tengo que ir a trabajar, tengo que llevar a los niños a la escuela, tengo que ir al gimnasio, tengo que ir a comprar, tengo que hacer un informe, tengo que ir a una reunión, tengo que cambiar de trabajo, tengo que ir a la cena familiar,... No nos cansa lo que hacemos, sino el sentimiento de obligación que ponemos cuando lo hacemos. Muchas de estas situaciones son fruto de elecciones que hicimos en el pasado o simplemente de decisiones que, en su momento, preferimos no tomar.

Lo haces porque lo has escogido (por acción u omisión) y porque consideras que aporta algún valor. Si no lo quieres hacer, no lo hagas. Y si has decidido hacerlo, aprende a fluir mientras haces lo que haces. Verás como la vida te resultará más sencilla.

 

  • La híper-responsabilidad.

A veces vamos por la vida haciendo el 150%. Es decir, que hacemos el 100% que nos corresponde según el rol o lugar que ocupamos y el 50% que debería hacer otra persona. Tendemos a sobrevalorar lo que aportamos, porque de hecho, muchas veces este 150% que hacemos no da demasiados beneficios los receptores. Simplemente no dejamos espacio a los demás para asumir la parte que les corresponde. Cuando, a la larga, nos damos cuenta que nos hemos rodeado de personas que sólo hacen el 50% nos acabamos enfadando y haciendo reproches que los demás no entienden. Nos responden sorprendidos dado que, hasta entonces, no habíamos pedido nada ni dejado espacio para que ellos actuaran.

Contrariamente a lo que podemos pensar, lo que activa dicha híper-responsabilidad no son intereses altruistas ni generosos, sino nuestra necesidad de sentirnos imprescindibles, de sentirnos valiosos y queridos por los demás. También, con frecuencia, esta forma de funcionamiento nos permite asegurar que lo tenemos todo controlado y todo salga según nuestros planes.

Haz aquello en lo que tú sabes que aportas más valor. Ni más ni menos. Si haces más, estás minusvalorando a alguien, pero sobre todo te estás sobrevalorando y eso siempre pasa factura. Algún día tendrán que ayudarte a gestionar el estrés y crispación que te abocará a poder hacer mucho menos de lo que te correspondería. Así es como obligarás a alguien a hacer un 150% por ti.

 

  • La gestión del tiempo.

A menudo caemos en la trampa de creer que gestionamos y organizamos el tiempo, como si jugáramos con monedas o con fichas que podemos colocar en un cajón. Desde esta creencia nuestro reto es tenerlas bien ordenadas y organizadas con el objetivo de que todas tengan cabida (tanto las que ya teníamos previstas colocar, como todas las imprevistas que vayan surgiendo). Yo siempre digo que vivimos la vida como si estuviéramos dentro un reloj y perdemos la perspectiva que de hecho, el tiempo es la VIDA. Cada minuto es de gran valor, porque nunca más volverá. Por lo tanto, no se trata sólo de organizar, sino que hay que definir y decidir en cada momento cuál es nuestra prioridad. Para hacerlo nos puede ser de gran utilidad preguntarnos si estamos haciendo lo que aporta más valor para nosotros y para los que nos rodean. También nos ayuda a objetivar esa urgencia que parece que nos quema, imaginar qué valor tendrá dentro de 5 años lo que estamos haciendo o cuánta energía dedicaríamos si nos quedara muy poco tiempo de vida.

El tiempo es vida. Por lo tanto, no se gestiona, simplemente se vive. Aprende a detectar cuando sólo vives ordenando, organizando, planificando e intentando "atrapar" el tiempo (o la vida). Invierte tu energía en tus prioridades y céntrate intensamente en el presente para hacerlas posibles.

 

  • Los defectos, los puntos débiles y las carencias.

Hemos aprendido a mirarnos, observarnos y compararnos desde el que nos falta, lo que no tenemos y lo que no funciona. Yo lo llamo corregirnos con bolígrafo rojo y ponernos una nota para podernos comparar con los demás. Así pues, todos solemos tener claro lo que no queremos o lo que no debemos hacer... A menudo creemos que cambiarlo nos requerirá un gran esfuerzo y sacrificio.

Este paradigma está destinado a generar sentimientos de inferioridad, agotamiento, tristeza y resignación. Pero, de hecho, intentar evitar lo que no quieres que pase no genera ninguna posibilidad de cambio, porque nuestro cerebro no sabe accionarse en negativo. El cerebro necesita que le indiques qué futuro y qué acciones quieres. Así nos mantenemos ciegos para ver y valorar el talento natural que nos hace diferentes y especiales.

Aprende a valorarte con bolígrafo verde y discriminar cuáles son las fortalezas que te han permitido conseguir tus retos y superar los momentos difíciles a lo largo de tu vida. Cuando te observes des de ahí, te darás cuenta de que estas fortalezas que caracterizan tu talento y tantos beneficios te han reportado, son las mismas que cuando te has pasado de dosis o las has aplicado fuera de lugar... las has convertido en defectos.

Si quieres obtener rendimiento a tu talento único e irrepetible, aprende a poner el foco en tus fortalezas y definir lo que quieres (y no lo que no quieres).         

 

  • La indecisión permanente.

En nuestros procesos de aprendizaje hemos ido creando historias que nos permiten interpretar, entender, explicar y auto-justificar nuestras experiencias y nuestra realidad. A veces nos pueden resultar útiles para conocernos a nosotros mismos y para afrontar las situaciones. 

Pero a veces hay explicaciones que nos mantienen en la indecisión permanente. En primer lugar me refiero a las historias en espiral (no hago porque no tengo, si tuviera lo haría... pero como no tengo no lo hago... qué triste que estoy porque no hago... si tuviera lo haría...). Aparentemente cuando lo escuchamos parece un análisis racional "causa-efecto", pero quedamos atrapados en un discurso sin salida que puede durar toda una vida.

También están las historias de los 2 caminos. Quiero decir que tenemos que tomar una decisión y creemos que hay un camino correcto y un incorrecto, o uno bueno y uno malo. Nos genera mucho miedo porque si no acertamos, la oportunidad ya habrá pasado y no hay vuelta atrás y esto puede tener unas consecuencias "terribles" (que de hecho... tampoco objetivamos). Simplemente tenemos miedo a "equivocarnos" y no sabemos muy bien qué sería equivocarse. Y así, los caminos se vuelven espirales. Todavía no hemos aprendido que en la vida la mayoría de las decisiones no te están implicando tirarse a un barranco, ni decidir un camino, sino que lo que decidimos sólo formará parte de un proceso que tenemos que hacer para aprender algo que nos será útil en el futuro.

Si te enrollas contigo mismo no harás ni dejarás hacer. Realiza una pequeña acción que te permita salir de la indecisión y recuerda que todo lo que hagas forma parte de procesos de aprendizaje que tienes pendientes de hacer, tanto si sale como tú habías planificado, como si el resultado es totalmente diferente.

 

  • El exceso de necesidades.

A menudo hacemos afirmaciones del tipo: si no consigo esto será un desastre, sin esa persona no podría vivir, si me pasara lo sería horroroso, si no me aceptan no podré hacer nada,... Confundir lo que te gustaría que fuera o pasara con algo imprescindible para vivir en la vida, provoca mucho sufrimiento innecesario, porque tu cuerpo interpreta que debe activar la reacción emocional prevista para la lucha o la catástrofe. Guarda tus energías para las cosas realmente importantes y valiosas que puedes perder de verdad en la vida. Si lo haces, verás que no son tantas.

Aprende a distinguir lo que necesitas lo que te gustaría. Si conviertes tus deseos en necesidades imprescindibles te generarás sufrimiento innecesario. Tienes que aprender que a veces te pasan cosas que te incomodan o no gustan, pero podrás vivir igual.

 

© Joana Frigolé